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2 de diciembre de 2018

Canto todo lo que creo


Plantarse arriba de un escenario. Con una canción. O canciones. Artistas que escapan a las etiquetas. Que se dejan llevar por la música. Y dicen (con sus canciones) lo que sienten en el momento. Esa heterogeneidad es lo que los hace diferentes. No quedarse en la comodidad. Buscar nuevos desafíos todo el tiempo.
En este blog, ya hablé de Marilina Bertoldi. Hicimos un comentario, en donde hacíamos referencia a su parte más rockera en los proyectos con banda. Hablamos de esos primeros discos solistas, más acústicos y minimalistas y del último, hasta ese momento, “Sexo con Modelos” (véase: http://enlascupulasdeunacancion.blogspot.com/2016/12/presencia-en-el-aire.html ).
Un proceso de reinvención. Casi igual, que el de su nuevo disco, que tuvo que grabar dos veces. Arrancar desde 0. Borrar y empezar de nuevo. “Prender un fuego” (2018). Así se llama lo nuevo de Marilina. Quizás su disco más experimental a la fecha.
Marilina es una artista que canta, pero también dice. Con mensajes bien claros. Se muestra tal cual es, como no esperando una aceptación por parte de un gran público. Hace lo que le gusta. Lo que quiere y como quiere. Porque con la música, se puede decir también.
Arremete con tanta fuerza con pablaras y ritmos que uno los siente. Lo chocan. Lo dejan descolocado. Pero finalmente lo cautivan. Lo invitan al movimiento.


Marilina escupe sus palabras. Le canta a esa otra persona. Se lo dice en la cara. Que lo sienta. Diciendo que active en “O no?” (¿Qué pasó? ¿Se te hizo muy tarde o no?/Sacá el freno de mano o te lo quito yo). Pero también susurrando: “Canto todo lo que creo cantando/Que es nada más que convencernos de lo que pensamos/Y si no hay amor, que no haya ni un carajo” en “Correte”, con pelea telefónica de por medio y las voces mezclándose en el final.
Canciones que hablan de amor, de rupturas, desencuentros, reclamos, despedidas. También pidiendo a gritos la vuelta de alguien en “Tito volvé” (Se hacen los capos mirando tan distantes/ Pero a las bombas te las tiran atrás).
El disco va desde el arranque tranquilo y la posterior explosión de baterías de “Intervalo”, al ritmo contagioso de “Fumar de día”. Ese funk con las baterías casi al frente, y esa voz que va llevando la melodía.  Pasando por la melodía escurridiza, más lenta de “Nunca” y la más relajada y delicada “Remis”.
Muchas percusiones. Ritmo. Electrónica. Funk. Se nota un excelente trabajo de producción de su parte. Donde deja que las canciones se dejen llevar. Y ahí está la actitud rock. No buscar la perfección en cada segundo de la canción. Simplemente que suenen. Es un disco para ponerse a escuchar y dejarse llevar. Como se la puede ver a ella, en el reciente video de “Fumar de día”, donde baila sola en su casa.
Marilina pasa a ser una figura fuerte en la movida musical actual. Con sus canciones, su actitud arriba del escenario, sus letras, los cambios emocionales que expresa con su voz. Con todo lo que tiene para mostrarnos y decirnos.
Ecléctica. Movediza. Tal como se muestra en el escenario. Con desfachatez. Marilina canta. El que quiere, escucha. Ahora, si yo fuera vos, me pondría ya a escucharla.


Fumar de día - Marilina Bertoldi

11 de julio de 2017

Un Espíritu blusero

Escribir este blog por diversión, tiene ciertas cosas interesantes. Por un lado, porque no existe la presión de tener que escribir sobre tal o cual banda en particular. Tampoco hay tiempos que presionen, como en alguna revista u otro tipo de publicación. Sí, siempre está la presión por intentar superarse a uno mismo, y tratar de expresarse lo mejor posible. Pero ahí también está la cuestión, esa libertad para elegir temas y espacios de tiempo para escribir, llevan a que, quien escribe, “cuelgue” un poco, y pase mucho tiempo entre posteo y posteo. En fin…
Las raíces bluseras en nuestro país tienen ya muchos años. Tal es así, que hasta forjó una identidad propia. Dándole un toque particular, un sonido diferente, que está presente en muchos de los discos clásicos de nuestro rock nacional. Claro está, que al ser un género con tantos años, y del cual todo el tiempo están surgiendo bandas y grupos nuevos, es difícil (a veces) encontrar algo que se destaque. Pero siempre hay gente dispuesta a buscarle una vuelta de tuerca al asunto. Salirse de la línea. Probar. Experimentar. Y obtener buenos resultados.
Como en el disco “Prietto” (2015) de Maxi Prietto. Un disco blusero aunque con ciertos toques que lo hacen destacarse. Maxi Prietto (Los Espíritus, Prietto viaja al cosmos con Mariano) venía editando desde hace unos años (y sigue haciéndolo) algunos discos y Eps como solista. En este caso se le suman Pipe Correa (Los Espíritus) en batería, Damián Manfredi en contrabajo y Miguel Tennina en piano.


Con una instrumentación bien minimalista, casi como el título del disco. Un contrabajo, una guitarra y unas percusiones (mas algunas sutiles teclas) tal como lo reza la tapa, Prietto nos conduce por un viaje de blues, psicodelia y algún que otro bolero, pero a la vez mantiene un espíritu callejero y desfachatado.
Con el riff inicial de “Vívelo” y una voz que suena con un eco, que dice simplemente “Vívelo, no preguntes vívelo”  da comienzo a este disco.
La voz suena entre desgastada y arrabalera en cada canción, un sello con el que Maxi trasmite perfectamente la nostalgia, de temas como el bolero “Ay corazón” (“Ay, corazón , no vale la pena sufrir por tu adiós”), o “Estás lejos” (“voy a buscarte en un sueño, voy a buscarte en las aguas del día”).
También están los instrumentales “La 844” o “Sueños de Machagai”, que tiene ciertos aires jazzísticos, donde hay lugar para que la guitarra explote sobre bases bien marcadas. Aparece la rápida “Perros de hospital”, en la que se puede recordar su proyecto anterior “Prietto viaja al Cosmos con Mariano”. Mientras que “Trae Orden” es un blues, en donde las bases son bien contundentes y que, en el final, las guitarras suben y bajan por escalas, sobre una lluvia de platillos y teclas, para dar cierre al  disco.
Las percusiones suaves y el sonido lo-fi/garagero del disco, recuerda a aquellos discos de antaño. La guitarra suena limpia, casi sin efectos, con amplificadores que parecen saturados. Da la idea de estar escuchando a una banda que grabó un disco en vivo, en algún barcito de un callejón.
Así como decía el primer tema del disco. Vivirlo. Sin preguntar. De eso se trata. No busques la vuelta. Solamente escuchalo.

Prietto - Prietto (Album)

2 de marzo de 2017

Encender algo para no apagarlo más

Es muy notable ver como todavía existen bandas que se plantean la idea de una continuidad entre sus discos. Un hilo conductor (invisible o apenas perceptible) que los una. Musicalmente, conceptualmente, desde la poesía, o todos al mismo tiempo. Porque, no solo habla de mantener una estética como banda, sino de trasmitir un mensaje, a través de las canciones, completo.
Mi Amigo Invencible es una banda mendocina que viene tocando desde hace unos pocos años, pero con 6 discos editados. Mariano di Cesare en guitarras y voces, Mariano Castro en voz, Nicolás Voloschin en guitarras y voces, Arturo Martín en batería, Juan Pablo Quatrini en bajo y Leonardo Gudiño en percusión,  componen esta banda en constante crecimiento, que en el año 2011 comenzó con la idea de una seguidilla de discos, relacionados entre sí de alguna manera.
El disco que motiva este posteo, salió en 2015. Y viene como cierre de una trilogía, que empezó en 2011 con “Relatos de un incendio”, continuó con “La Nostalgia Soundsystem” en 2013 y el que nos aboca, “La Danza de los Principiantes”.
La tapa muestra un dibujo de un cantante mayor de edad con un traje gastado, cantando en el escenario de un bar, algo desvencijado, pero que mantiene una temática algo deportiva, con banderines y camisetas colgadas en paredes desgatadas. Se lo nota concentrado, como sintiendo con el alma lo que dice. Sin dudas, anticipa lo que va a ser el disco, y por donde viene la onda con estos muchachos.


Entre palmas y tarareos, da comienzo con “Cada vez”, y al ratito nomás, empieza “Máquina del tiempo”, con un bajo que sugiere el ritmo y con apenas unas percusiones, a la que se van sumando las guitarras.
Se permiten jugar con los efectos y los diferentes tonos en cada canción, dando el clima ideal a cada una. Como en el tema que da título al disco, que al llegar al estribillo, la distorsión acompaña a la voz, generando un efecto cuasi psicodélico. Bajando y luego subiendo en el estribillo: “Su voz llegó al rincón, donde bailábamos vos y yo”
Hay espacio para la velocidad, como la galopante “Edmundo año cero” que suena a The Strokes, entre baterías rápidas y distorsiones potentes, o “Puentes rotos”, que se mueve sobre una especie de loop que acompaña a la voz, para luego explotar entre voces, guitarras y coros coordinados, con una letra que declara: “Es la sed de un principiante, que no conoce ningún bar”. Y también, hay lugar para las más minimalistas como “Noches de ciencia ficción”.
Algo curioso, es la unión que se da entre algunas de las canciones del disco, como en la dupla “Gato negro pasa”, “Gato blanco atrincherado”. Dos canciones diferentes, pero unidas por la forma de las voces que se unen y suenan como un conjunto, y sobre guitarras que se mueven por una cuerda y que a suenan Disco, con pasajes psicodélicos. Mientras que la unión final, entre “Mateo” y “Entre los cuerpos” es perfecta, porque no es un medley típico, sino que el final de la primera, se transforma en el final de la segunda, y queda en el aire todo el tiempo, mientras ésta última sigue sonando.
Modernos. Frescos. A veces post punk. Una trilogía con un cierre impecable. Veremos que se traen después, pero el piso con este último disco, es claramente altísimo. Escuchemos.

"La Danza de los Principiantes" (Álbum) - Mi Amigo Invencible

6 de febrero de 2017

Un día escuchando al Siempreterno

Retomando una sección un poco descuidada. Los discos. En este caso se trata del disco debut de una banda nacional. El disco ya tiene unos años (salió en 2010) y fue el primero de los cuatro que editaron hasta el momento. La banda: El siempreterno. El disco: El siempreterno.
Integrada por: Midnerély Acevedo (Mimi Maura) en voz, Sergio Rotman (Cienfuegos, Los Sedantes, Los Fabulosos Cadillacs) en voz y guitarra eléctrica, Ariel Minimal (Pez) en guitarra, Álvaro “Ruso” Sánchez (Los Sedantes) en bajo y Fernando Ricciardi (Los Fabulosos Cadillacs, Mimi Maura, Cienfuegos) en batería. Nombres que quizás puedan sonar conocidos para algunos.
Punk y velocidad. Pero también algo de ritmos latinos y hasta se rozan los boleros. La propuesta de Rotman y compañía venía para sacudir un poco la estantería del rock argentino.
Desde el primer tema (o los primeros segundos), irrumpen con una inyección de adrenalina. “7 Eleven”. Las voces de Midnerély y Sergio juntas, potencian aún más la canción. Después aparece “Rohypnol” (“En un segundo le voy a explicar, que estoy haciendo lo que puedo hacer”), con un coro que bien podría sonar en alguna ópera teatral, como antesala para la voz de Sergio, que se impone apenas ingresa, sobre la lluvia de guitarras bien crudas.


También hay lugar para temas más tranquilos, cercanos al folk, como “La Vieja Casa” (donde más se nota la influencia de Mimi Maura). Una guitara acústica a la que enseguida se le suma la eléctrica, la transforman en una de las más hermosas del disco. O “Bajo este sol,” donde escuchamos la articulación entre las voces de Sergio y Midnerély al cantar: “No puede ser que esto sea amor, esta raza nunca sintió amor”.
“El siempreterno”. Sin dudas EL tema del disco. La voz de Midnerély es su máxima expresión. Un tema oscuro que adquiere su punto máximo en el estribillo. Y en el final, explotan las guitarras como peleándose entre sí. En un combo frenético, que aumenta la velocidad de la canción de 0 a 1000.
“Bebiendo ansiedad”, podría formar parte de una colección de boleros. Un tema un poco oscuro (“Si hubiese entendido aún estarías aquí, riendo en silencio entre los vivos”) donde las voces, le imprimen una emoción diferente, que hace bajar completamente los decibeles, respecto a los temas precedentes.
Y el final, como no podía ser de otra manera, es a pura distorsión. Breve, pero contundente, para un gran cierre.
Con Rotman a la cabeza, esta especie de supergrupo demuestra como todavía se puede seguir haciendo buenas canciones, con velocidad y distorsión, sin que suenen anticuadas. Un sonido moderno, para nada envejecido, muy cerca del punk, pero que se permite escaparse un poco, de los esquemas básicos. Un disco para descubrir, de una banda más que interesante.

El Siempreterno - El Siempreterno (Disco completo)

7 de julio de 2015

Viento, Fuerza, Tronador



Buenas. Aquí estamos de nuevo. Retomando la actividad. Quizás a partir de ahora más periódicamente, quizás no. El hecho es que estamos de nuevo.
Siempre dije que uno de los objetivos de este blog era la difusión. Difundir músicos, discos, artistas. La difusión de música. Artistas que no suenan mucho en las radios (por suerte en algunas sí). O que no vemos la ciudad empapelada con sus caras. Son artistas que eligieron el camino de la independencia. La independencia artística. Por una cuestión de poder elegir sus propias reglas. O porque se sienten más cómodos así. O por algún otro motivo. Cada uno tendrá sus razones.
También comenté en algunas oportunidades las “dificultades” (si les podemos llamar así) que se les presentan. Como por ejemplo donde vender sus discos. Un disco lleva mucho esfuerzo. En todo sentido. Y creo que es gratificante para un artista poder ofrecer su obra y que los demás puedan disfrutar de ella.
La banda en cuestión es El Tronador. Una banda que con sus idas y venidas no deja de crear canciones hermosas. El Tronador es: Marina Fages (voz, guitarra, clarinete) Lucy Patané (guitarras, banjo y bombo), Martin Delassaletta (contrabajo), Mene Savasta (voces, melódica, flauta, caja y cosas) y Santiago RS Martínez (synth). 
Es difícil que con semejantes componentes pueda llegar a fallar un proyecto de estas características. Anteriormente en otros posteos, ya hablamos de Marina Fages, su carrera solista con dos discos editados, o el dúo formado con Lucy Patané, con un disco genial incluido (“El Poder Oculto”). Lucy Patané quien también forma parte de Las Taradas, La Cosa Mostra y la banda de Diego Frenkel y también fue parte de Panda Tweak. Pero Marina y Lucy tienen algo más en común que proyectos musicales. Ambas son 2 de las socias de ese lugar lleno de música, llamado Disquería Mercurio. Un lugar (“atendido por sus dueños”) donde distintos músicos encontraron y encuentran un espacio donde ofrecer sus discos y donde se puede encontrar gente con mucha onda con la cual conversar de música.
Martin viene del palo del Jazz y tiene una amplia trayectoria en el género. Participando del trío de Sebastián del Hoyo, el trío de jazz DoggyStyle o Pablo Ledesma trío. También es miembro de la Big Band del Manuel de Falla.Mene forma parte de varios proyectos musicales además de investigar y producir en el campo del arte sonoro y la música experimental. Mientras que Santiago es productor y DJ.


Luego de un primer EP homónimo en 2009 llegaría, en 2011, “Viento, Fuerza Tronador” primer y único (hasta el momento) larga duración. Qué decir del disco. Ese conjunto de 12 canciones que no dejan a uno poner stop hasta que deja de sonar el último acorde.
La conmovedora voz que acompaña la melodía en “Provincia”, con acompañamiento de  banjo, es un comienzo impecable, anticipando lo que va a seguir. Las armonías llevadas por guitarras de nylon y banjos recuerdan al folk londinense más tradicional, pero con aires a zambas o valses más cercanos a nuestras tierras. Imposible dejar el pie quieto con “Australia”, único tema en inglés del disco. O casi, ya que al final se agrega una estrofa en español: “No hay nada más que viento y posibilidad. Yo solo quiero verte otra vez”. La melódica sonando de fondo es el condimento especial de la canción.
Poniéndose algo más oscuros con “Burzaco” con una intro con algunos efectos que crean ambientes pinkfloydanos que nos pueden recordar a esos primeros temas de la banda inglesa. Los juegos de voces son el aditamento principal. Como si fueran respondiéndose una con otra.
De repente aparece “Paraguay”, arrancando bien abajo y de a poco subiendo hasta llegar al estribillo, donde la voz de Marina se luce y es perfectamente acompañada por las guitarras. Después "La Montaña”, con una melodía galopante y una melódica que acompaña en un diálogo entre instrumentos que incita a moverse. Una letra de amor: “Me gusta cuando decís voy a buscarte, son palabras que hoy cobran más sentido”. Claramente uno de los mejores temas del disco. Contagia alegría y es imposible no quedarse tarareándola.
“El rio Grande” quizás la más parecida a las canciones del primer disco solista de Marina. Trasmite tranquilidad. Con apenas una impecable instrumentación suave, dándole protagonismo a la voz y un cierre con efectos de sintetizador hacen que la canción suene más psicodélica.
Y para cerrar un cover. Un cover de una banda de punk. Si, para cerrar un disco prácticamente acústico. Un cover de Eterna Inocencia. “Encuentro mi descanso aquí”. Alejada de las guitarras eléctricas, de las distorsión y de los ritmos de cuatro tiempos de la original, pero conservando la mística de la canción. Interpretada a dos veces y con guitarras de nylon y un contrabajo que le da cuerpo a la canción, para que baje un cambio respecto a la original. Y quizás algo más melancólica para acompañar esa letra que habla sobre el amor ausente: “Falta el calor. Aquí faltan tus versos hoy. Y resultan tristes los ecos que dejó tu viento ayer”. 

El Tronador es una banda que suena acústica. Dentro de tanto ruido que se escucha actualmente. Pero no por eso menos contundente. Con un claro mensaje. Logra trasmitir las sensaciones de cada canción. Trasmite tranquilidad, recuerdos, alegría. Ellos dicen suena “como tres puntas alzadas en la bruma”. Pero personalmente creo que es más que eso. Es una conjunción ideal. 5 artistas (quizás 5 puntas) que aportan lo que cada uno tiene. Para llegar a un producto final distinto. Diferente al resto. Canciones para viajar. O un viaje de canciones que está bueno recorrer.



El Tronador - Australia