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1 de enero de 2018

Nuevo año. Nuevos discos. Nuevos artistas

Se fue un año cargado de música. Música independiente y también de la otra. Por suerte se llenaron las bateas de discos y los lugares, de gente dispuesta a escuchar nuevas canciones. Es bueno que así sea. Desde acá, como siempre, aportando un pequeño granito de arena a esta inmensa playa para que lograr difusión de los nuevos artistas.
Un balance positivo, ya que este año que pasó se pudo llegar al posteo número 50. Totalmente impensado para mí cuando empecé a escribir acá. Por suerte seguimos recibiendo buenas críticas y también de las otras. Todas son recibidas y hacen que este humilde "bloguero" siga creciendo. Muchas gracias.
Un año más que este blog va a seguir. Se vendrán nuevos artistas. Nuevas reseñas y quizás nuevas secciones. Se irá viendo. Recién comienza el año.
Muchas gracias a todos los que leen, comparten, releen, buscan a los artistas, escuchan, se entusiasman, siguen leyendo, dejan de leer, critican, comentan, recomiendan.
Pero sobre todo gracias a los artistas por la música. Gracias por seguir creando cosas nuevas. Gracias por seguir tocando arriba de escenarios. Por seguir haciendo discos. Gracias por todo. O gracias totales.

9 de noviembre de 2017

Atravesando caminos


Y sí. Después de seis años y 50 y pico de posteos, en algún momento iba a pasar. Por primera vez, en este blog, voy a hablar de una banda de la que ya había hablado antes. Y es que pocas veces me pasó poder ver o apreciar, el camino recorrido por una banda desde sus comienzos. Ver como se desarrolla. Como crece. Claro que uno siempre puede leerlo, investigarlo o consultarlo. Y que por mi fanatismo y melomanía lo hice y lo hago (y cualquiera puede hacerlo hoy gracias a las nuevas tecnologías) con las bandas que uno va conociendo.
Pero se siente distinto cuando se ve y conoce (descubre) a una banda, desde que arranca a dar sus primeros pasos. Tener la posibilidad de ver los primeros recitales, escuchar las nuevas canciones que van surgiendo, verlos en escenarios chicos y grandes. Es algo difícil de explicar. Pero es como una mezcla de orgullo y felicidad a la vez, por el crecimiento artístico de esa banda.
Mucho más, si uno conoce a esos músicos, y con el tiempo, logra entablar una relación de amistad. Donde además se puede ver el esfuerzo de cada integrante por llevar adelante un proyecto, una idea. En este caso: una banda de rock.
Hormigón Armado es una banda que empezó su camino hace 10 años y que hoy como festejo de esos 10 años (y cierre de una primer etapa) saca su primer disco.
Donde hubo cambios en su formación y donde cada integrante que fue pasando, aportó y sumó algo a este proyecto, que permitió llegar hoy a tener este resultado. Llegar a ser lo que es hoy Hormigón Armado.


Desde la potencia y firmeza de Lucas golpeando la batería y la velocidad y agilidad de Fiorella en el bajo. Al virtuosismo de Helmut, con guitarras filosas y punzantes y la voz tronadora y armónica de Otto.
10 años de sacrificio. De fortalecimiento. De escenarios. De canciones y melodías. Pero sobre todo 10 años de Rock. Y como una paradoja (quizás) su primer disco contiene 10 canciones que de alguna manera sintetizan estos años de trabajo. “Rock al frente”.
Quizás lo más destacable sea, que este largo camino, siempre lo recorrieron desde la autogestión. Desde la independencia. Con todo lo que eso implica y que fue mencionado en varias oportunidades en este blog.
Algo ya había mencionado antes de las canciones, pero es que en esa búsqueda constante (que tiene todo artista), en donde las canciones van tomando nuevas formas. Y el grabar un disco permite repensar y remodelar esas canciones.
Los sonidos espaciales. Los distintos efectos de la guitarra, que crean ambientes diferentes para cada una de las canciones. Los estallidos de la voz. Los arreglos de voces, con ecos y coros que refuerzan el concepto de cada una. Los bajos galopantes y bien marcados. Las potentes bases de batería.
Con una apertura bien arriba, con la tremenda “Amnesia” (“se despliega el naranja en el cielo, como un recuerdo que tengo desde la eternidad”) o la más tranquila “Perro Hiena”. “Ácido y electricidad” (“Los rayos me llevaron mas allá, las ruinas están muy bien atrás”), con guitarras que parecen venir de diferentes lados, “Camino de espinas” con una intro acústica que se transforma en una descarga de distorsión o el cover de la canción de Sumo, “Estallando desde el océano” con su riff de bajo a lo largo de la canción y una lluvia de guitarras que revientan los parlantes.
Un disco que tranquilamente puede acompañar un viaje hacia un lugar por una ruta cualquiera. Hormigón Armado. Perseverancia, Rock y buenas canciones.

 Animal en extinción - Hormigón Armado

9 de octubre de 2017

Espíritus Ardientes

La conexión entre banda y público es algo muy importante para el desarrollo de un artista. Lograr conectar, llegar a una cierta cantidad de personas. Tocar una fibra en su interior. Algo que conmueva, o movilice. No es tarea sencilla, claro está. Plantarse arriba de un escenario, tocar sus canciones y dejar que fluya. Que el público se olvide por un momento de otras cosas y se deje llevar por la música, las canciones y las melodías. Cantar, bailar, saltar, aplaudir o alentar. Son pocas (o por lo menos no muchas), las bandas pueden lograrlo. Los Espíritus pueden hacerlo.
Con Maxi Prietto, en guitarra y voces, a la cabeza, desde el lanzamiento de su primer disco homónimo en 2013, (previo lanzamiento de 3 EPs), traían un blues psicodélico con guitarras y percusiones. Con canciones como “Lo Echaron del Bar” que remitía un poco a su anterior agrupación (Prietto viaja al cosmos con Mariano) y que mostraba una parte de lo que luego consolidarían como estilo propio. Otras como “Noches de verano” con una impronta más rockera (con el uso de los slides), que comienza con  un riff inicial, al que enseguida se suma la guitarra acústica y dice que “para ser bueno, hay que hacer el mal, pero a escondidas”.
En “Los desamparados”, una de las más lentas del disco, invita al coro general, con su única estrofa que dice en el final “En cada galaxia hay una mañana abriéndose”. La distorsión, un poco sucia, funciona  como puente en medio de la canción.
Los Espíritus, que se completan con Santiago Moraes (Guitarra acústica y voces), Pipe Correa (Batería), Fernando Barreyro (Percusión), Martin Fernández Batmalle (Bajo) y Miguel Mactas (Guitarras), siguieron haciendo canciones, y dos años después sale a la luz “Gratitud” (2015).


Que incluye “Vamos a la luna” con una introducción psicodélica, gracias a las guitarras eléctricas, con diferentes sonidos cuasi setentosos. O la que da título al disco, con arranque instrumental y las guitaras jugando entre sí, para que, de golpe, un cambio de ritmo la transforme en una melodía más lenta, para luego retomar su ritmo frenético. Como un subibaja coordinado y guiado tal vez, por la distorsión de las guitarras.
Con pasajes de voces que se escuchan lejos, como gritando su mensaje y la guitarra acústica siempre presente. Con un rasgueo bien marcado, furioso a veces y delicado en otras, se van sucediendo las canciones del disco. Algunas lentas, como “Mares”, con la voz como cansina de Maxi, en este rock que establece “A mi modo de ver las cosas, todos estaríamos mejor, si miráramos en los ojos de esos mares” y otras con letras más directas como “Negro chico” (“Se sube al tren en movimiento, y los vagones se pone a cruzar con una mano pide plata la otra los mocos meta sacar”).
Con el más reciente “Agua ardiente” (2017) terminan de afirmarse en la escena independiente. Con un estilo ya forjado, en donde las guitarras aparecen con efectos psicodélicos y las voces repartidas entre Maxi y Santiago, dándole colores diferentes a las canciones, que adquieren una impronta propia, con emociones distintas, como en “Huracanes”, o “Las armas las carga el diablo” con otra letra bien clara (“las armas las carga el diablo y las descarga algún oficial, si le anda la lapicera le agrega al diario el titular”) y una melodía lenta y melancólica. Otras más movidas como “La rueda que mueve al mundo”, “El viento” (casi un rockabilly)  o “Jugo”(con la guitarra eléctrica en su máxima expresión), demuestran la diversidad de matices que tiene la banda y como pueden llevarlos adelante sin perder su propio estilo.
Las canciones de Los Espíritus son claras. Se escucha su instrumentación. Las guitarras, las percusiones. Todo parece estar ensamblado en su lugar justo. Hasta las letras, que después de escucharlos se pueden seguir repitiendo esas frases. Dejarse llevar por el viaje que proponen Los Espíritus, ya sea en vivo o a través sus discos. Sentir como uno comienza a moverse en el lugar, como movido por una extraña oleada. Es casi inevitable. Cantar, aplaudir, moverse. Música nueva y de la buena.

"Jugo" - Los Espíritus