Se fue un año cargado de música. Música independiente y también de la otra. Por suerte se llenaron las bateas de discos y los lugares, de gente dispuesta a escuchar nuevas canciones. Es bueno que así sea. Desde acá, como siempre, aportando un pequeño granito de arena a esta inmensa playa para que lograr difusión de los nuevos artistas. Un balance positivo, ya que este año que pasó se pudo llegar al posteo número 50. Totalmente impensado para mí cuando empecé a escribir acá. Por suerte seguimos recibiendo buenas críticas y también de las otras. Todas son recibidas y hacen que este humilde "bloguero" siga creciendo. Muchas gracias. Un año más que este blog va a seguir. Se vendrán nuevos artistas. Nuevas reseñas y quizás nuevas secciones. Se irá viendo. Recién comienza el año. Muchas gracias a todos los que leen, comparten, releen, buscan a los artistas, escuchan, se entusiasman, siguen leyendo, dejan de leer, critican, comentan, recomiendan. Pero sobre todo gracias a los artistas por la música. Gracias por seguir creando cosas nuevas. Gracias por seguir tocando arriba de escenarios. Por seguir haciendo discos. Gracias por todo. O gracias totales.
Y sí. Después de seis años y 50 y
pico de posteos, en algún momento iba a pasar. Por primera vez, en este blog,
voy a hablar de una banda de la que ya había hablado antes. Y es que pocas
veces me pasó poder ver o apreciar, el camino recorrido por una banda desde sus
comienzos. Ver como se desarrolla. Como crece. Claro que uno siempre puede
leerlo, investigarlo o consultarlo. Y que por mi fanatismo y melomanía lo hice
y lo hago (y cualquiera puede hacerlo hoy gracias a las nuevas tecnologías) con
las bandas que uno va conociendo. Pero se siente distinto cuando se
ve y conoce (descubre) a una banda, desde que arranca a dar sus primeros pasos.
Tener la posibilidad de ver los primeros recitales, escuchar las nuevas
canciones que van surgiendo, verlos en escenarios chicos y grandes. Es algo
difícil de explicar. Pero es como una mezcla de orgullo y felicidad a la vez,
por el crecimiento artístico de esa banda. Mucho más, si uno conoce a esos
músicos, y con el tiempo, logra entablar una relación de amistad. Donde además
se puede ver el esfuerzo de cada integrante por llevar adelante un proyecto,
una idea. En este caso: una banda de rock. Hormigón Armado es una banda que
empezó su camino hace 10 años y que hoy como festejo de esos 10 años (y cierre
de una primer etapa) saca su primer disco. Donde hubo cambios en su
formación y donde cada integrante que fue pasando, aportó y sumó algo a este
proyecto, que permitió llegar hoy a tener este resultado. Llegar a ser lo que
es hoy Hormigón Armado.
Desde la potencia y firmeza de
Lucas golpeando la batería y la velocidad y agilidad de Fiorella en el bajo. Al
virtuosismo de Helmut, con guitarras filosas y punzantes y la voz tronadora y
armónica de Otto. 10 años de sacrificio. De
fortalecimiento. De escenarios. De canciones y melodías. Pero sobre todo 10
años de Rock. Y como una paradoja (quizás) su primer disco contiene 10
canciones que de alguna manera sintetizan estos años de trabajo. “Rock al frente”. Quizás lo más destacable sea, que
este largo camino, siempre lo recorrieron desde la autogestión. Desde la independencia.
Con todo lo que eso implica y que fue mencionado en varias oportunidades en
este blog. Algo ya había mencionado antes de
las canciones, pero es que en esa búsqueda constante (que tiene todo artista),
en donde las canciones van tomando nuevas formas. Y el grabar un disco permite repensar
y remodelar esas canciones. Los sonidos espaciales. Los distintos
efectos de la guitarra, que crean ambientes diferentes para cada una de las
canciones. Los estallidos de la voz. Los arreglos de voces, con ecos y coros
que refuerzan el concepto de cada una. Los bajos galopantes y bien marcados.
Las potentes bases de batería. Con una apertura bien arriba, con
la tremenda “Amnesia” (“se despliega el naranja en el cielo, como un recuerdo
que tengo desde la eternidad”) o la más tranquila “Perro Hiena”. “Ácido y
electricidad” (“Los rayos me llevaron mas allá, las ruinas están muy bien atrás”),
con guitarras que parecen venir de diferentes lados, “Camino de espinas” con
una intro acústica que se transforma en una descarga de distorsión o el cover
de la canción de Sumo, “Estallando desde el océano” con su riff de bajo a lo
largo de la canción y una lluvia de guitarras que revientan los parlantes. Un disco que tranquilamente puede acompañar un viaje hacia un lugar por una ruta cualquiera. Hormigón Armado. Perseverancia, Rock
y buenas canciones.
La conexión entre banda y público
es algo muy importante para el desarrollo de un artista. Lograr conectar,
llegar a una cierta cantidad de personas. Tocar una fibra en su interior. Algo
que conmueva, o movilice. No es tarea sencilla, claro está. Plantarse arriba de
un escenario, tocar sus canciones y dejar que fluya. Que el público se olvide
por un momento de otras cosas y se deje llevar por la música, las canciones y
las melodías. Cantar, bailar, saltar, aplaudir o alentar. Son pocas (o por lo menos
no muchas), las bandas pueden lograrlo. Los Espíritus pueden hacerlo.
Con Maxi Prietto, en guitarra y
voces, a la cabeza, desde el lanzamiento de su primer disco homónimo en 2013,
(previo lanzamiento de 3 EPs), traían un blues psicodélico con guitarras y
percusiones. Con canciones como “Lo Echaron del Bar” que remitía un poco a su
anterior agrupación (Prietto viaja al cosmos con Mariano) y que mostraba una
parte de lo que luego consolidarían como estilo propio. Otras como “Noches de
verano” con una impronta más rockera (con el uso de los slides), que comienza
con un riff inicial, al que enseguida se
suma la guitarra acústica y dice que “para ser bueno, hay que hacer el mal,
pero a escondidas”.
En “Los desamparados”, una de las
más lentas del disco, invita al coro general, con su única estrofa que dice en
el final “En cada galaxia hay una mañana abriéndose”. La distorsión, un poco
sucia, funciona como puente en medio de
la canción.
Los Espíritus, que se completan
con Santiago Moraes (Guitarra acústica y voces), Pipe Correa (Batería),
Fernando Barreyro (Percusión), Martin Fernández Batmalle (Bajo) y Miguel Mactas
(Guitarras), siguieron haciendo canciones, y dos años después sale a la luz “Gratitud” (2015).
Que incluye “Vamos a la luna” con
una introducción psicodélica, gracias a las guitarras eléctricas, con
diferentes sonidos cuasi setentosos. O la que da título al disco, con arranque instrumental
y las guitaras jugando entre sí, para que, de golpe, un cambio de ritmo la
transforme en una melodía más lenta, para luego retomar su ritmo frenético. Como
un subibaja coordinado y guiado tal vez, por la distorsión de las guitarras.
Con pasajes de voces que se
escuchan lejos, como gritando su mensaje y la guitarra acústica siempre presente.
Con un rasgueo bien marcado, furioso a veces y delicado en otras, se van
sucediendo las canciones del disco. Algunas lentas, como “Mares”, con la voz como
cansina de Maxi, en este rock que establece “A mi modo de ver las cosas, todos
estaríamos mejor, si miráramos en los ojos de esos mares” y otras con letras más
directas como “Negro chico” (“Se sube al tren en movimiento, y los vagones se
pone a cruzar con una mano pide plata la otra los mocos meta sacar”).
Con el más reciente “Agua ardiente” (2017) terminan de afirmarse
en la escena independiente. Con un estilo ya forjado, en donde las guitarras
aparecen con efectos psicodélicos y las voces repartidas entre Maxi y Santiago,
dándole colores diferentes a las canciones, que adquieren una impronta propia,
con emociones distintas, como en “Huracanes”, o “Las armas las carga el diablo”
con otra letra bien clara (“las armas las carga el diablo y las descarga algún
oficial, si le anda la lapicera le agrega al diario el titular”) y una melodía lenta
y melancólica. Otras más movidas como “La rueda que mueve al mundo”, “El viento”
(casi un rockabilly) o “Jugo”(con la
guitarra eléctrica en su máxima expresión), demuestran la diversidad de matices
que tiene la banda y como pueden llevarlos adelante sin perder su propio estilo.
Las
canciones de Los Espíritus son claras. Se escucha su instrumentación. Las guitarras,
las percusiones. Todo parece estar ensamblado en su lugar justo. Hasta las
letras, que después de escucharlos se pueden seguir repitiendo esas frases. Dejarse
llevar por el viaje que proponen Los Espíritus, ya sea en vivo o a través sus
discos. Sentir como uno comienza a moverse en el lugar, como movido por una
extraña oleada. Es casi inevitable. Cantar, aplaudir, moverse. Música nueva y
de la buena.