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2 de marzo de 2017

Encender algo para no apagarlo más

Es muy notable ver como todavía existen bandas que se plantean la idea de una continuidad entre sus discos. Un hilo conductor (invisible o apenas perceptible) que los una. Musicalmente, conceptualmente, desde la poesía, o todos al mismo tiempo. Porque, no solo habla de mantener una estética como banda, sino de trasmitir un mensaje, a través de las canciones, completo.
Mi Amigo Invencible es una banda mendocina que viene tocando desde hace unos pocos años, pero con 6 discos editados. Mariano di Cesare en guitarras y voces, Mariano Castro en voz, Nicolás Voloschin en guitarras y voces, Arturo Martín en batería, Juan Pablo Quatrini en bajo y Leonardo Gudiño en percusión,  componen esta banda en constante crecimiento, que en el año 2011 comenzó con la idea de una seguidilla de discos, relacionados entre sí de alguna manera.
El disco que motiva este posteo, salió en 2015. Y viene como cierre de una trilogía, que empezó en 2011 con “Relatos de un incendio”, continuó con “La Nostalgia Soundsystem” en 2013 y el que nos aboca, “La Danza de los Principiantes”.
La tapa muestra un dibujo de un cantante mayor de edad con un traje gastado, cantando en el escenario de un bar, algo desvencijado, pero que mantiene una temática algo deportiva, con banderines y camisetas colgadas en paredes desgatadas. Se lo nota concentrado, como sintiendo con el alma lo que dice. Sin dudas, anticipa lo que va a ser el disco, y por donde viene la onda con estos muchachos.


Entre palmas y tarareos, da comienzo con “Cada vez”, y al ratito nomás, empieza “Máquina del tiempo”, con un bajo que sugiere el ritmo y con apenas unas percusiones, a la que se van sumando las guitarras.
Se permiten jugar con los efectos y los diferentes tonos en cada canción, dando el clima ideal a cada una. Como en el tema que da título al disco, que al llegar al estribillo, la distorsión acompaña a la voz, generando un efecto cuasi psicodélico. Bajando y luego subiendo en el estribillo: “Su voz llegó al rincón, donde bailábamos vos y yo”
Hay espacio para la velocidad, como la galopante “Edmundo año cero” que suena a The Strokes, entre baterías rápidas y distorsiones potentes, o “Puentes rotos”, que se mueve sobre una especie de loop que acompaña a la voz, para luego explotar entre voces, guitarras y coros coordinados, con una letra que declara: “Es la sed de un principiante, que no conoce ningún bar”. Y también, hay lugar para las más minimalistas como “Noches de ciencia ficción”.
Algo curioso, es la unión que se da entre algunas de las canciones del disco, como en la dupla “Gato negro pasa”, “Gato blanco atrincherado”. Dos canciones diferentes, pero unidas por la forma de las voces que se unen y suenan como un conjunto, y sobre guitarras que se mueven por una cuerda y que a suenan Disco, con pasajes psicodélicos. Mientras que la unión final, entre “Mateo” y “Entre los cuerpos” es perfecta, porque no es un medley típico, sino que el final de la primera, se transforma en el final de la segunda, y queda en el aire todo el tiempo, mientras ésta última sigue sonando.
Modernos. Frescos. A veces post punk. Una trilogía con un cierre impecable. Veremos que se traen después, pero el piso con este último disco, es claramente altísimo. Escuchemos.

"La Danza de los Principiantes" (Álbum) - Mi Amigo Invencible

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